lunes, 10 de noviembre de 2008

¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?

¿Cómo una canción tan bonita puede tener una letra tan cruel? Pues así es. Un cover de La Buena Vida a la canción de Alaska y Dinarama, que ya era buena, pero que aquí se convierte en una pieza magistral, delicada y preciosa en su sencillez, a pesar de contar una historia bastante tétrica

Ella lo vio salir de allí
ahora sabía la verdad
y se decidió

Loca de celos le siguió
tras apuntar la dirección
resistiéndose a llorar

¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?
yo que te hubiese querido hasta el fin
sé que te arrepentirás

La calle desierta, la noche ideal
un coche sin luces no pudo esquivar
un golpe certero
y todo terminó entre ellos de repente

Ella no quiso ni mirar
nunca daría marcha atrás
una y no más santo Tomás

¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?
yo que te hubiese querido hasta el fin
sé que te arrepentirás

La calle desierta, la noche ideal
un coche sin luces no pudo esquivar
un golpe certero
y todo terminó entre ellos de repente

No me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos
No me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos… No…

After the cold wakes me up...

Four in the morning and I've got that feeling
Clock's ticking but my heart's not beating

En sueños sonaba Trouble, de Cat Stevens. Y tengo que reconocer que tengo algo de miedo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Ensoñación

Cuando era pequeño me gustaba dormirme imaginando que caía de un avión, sintiendo el aire contra mi cuerpo mientras atravesaba las nubes. En vez de vértigo, tenía una sensación de libertad única que me encantaba, y que me ayudaba a quedarme dormido con gran placidez. Esa capacidad la mantuve durante muchos años: imaginar algo tan vívidamente que el cuerpo se convencía de que era cierto. No era simplemente cerrar los ojos y proyectar la película, sino engañar al resto del cuerpo para que sintiera algo que, en apariencia, no estaba ocurriendo.

Con el paso de los años la diversión tomó matices "suicidas". Me gustaba imaginar que me lanzaba de un edificio, cayendo al vacío y deteniéndome en el momento justo antes de golpear el suelo, observando lo que había ante mi rostro, apenas unos centímetros delante. Era sentir la emoción de una montaña rusa, el miedo de estamparse contra el pavimento, convencerme de que era cierto y que estaba cayendo en serio, con el peligro que ello conllevaba. Ya no era sólo disfrutar la caída, sino observar el suelo acercarse a mí, y antes del momento fatal, poner pausa. Créanme, era una sensación bastante emocionante.

Por alguna razón, algo pasó en mi mente. Hace unos años me deprimí durante unos meses, y creo que eso perturbó ciertos mecanismos internos de mi cerebro. Nada grave, pero sí alteró comportamientos que antes daba por aprendidos. Dormir, por ejemplo. Me volví insomne y parecía que ya no sabía cómo caer en brazos de Morfeo. Cerraba los ojos pero nada pasaba. "¿Qué más hay que hacer?", me decía a mí mismo. Los sueños ya no eran excursiones al otro lado, sino repeticiones de eventos cotidianos, vueltos a vivir hasta la saciedad en un bucle maldito del que no podía salir. Eso si conseguía recordarlos, porque si antes sabía cómo rememorar los sueños de la noche anterior, de repente pareció como si ya no soñara nada, cosa que nunca es cierta. Todos soñamos, otra cosa es que no recordemos lo que pasa mientras dormimos. Y junto a los sueños, otra víctima de ello fue la capacidad de imaginar como antes.

Hace apenas un par de días, sin quererlo, volví a encontrarme volando entre la vigilia y el sueño, cabalgando entre la realidad y la imaginación, en ese punto en el que eres consciente pero no estás forzando lo que pasa por tu mente, y aún así puedes manipularlo. Volé otra vez, sentí la misma emoción olvidada, pude crear el mundo que veía, en lugar de ser un simple espectador sin poder sobre lo que se me muestra, y aún así no se quebró en mil pedazos la corriente de imágenes con un sobresalto por haberlo conseguido. Estaba dentro sin dejarme llevar del todo, siendo el dueño de todo lo que allí ocurría, sin por ello forzarlo. Y me sentí otra vez como cuando niño, libre, capaz de hacer cualquier cosa allá dentro. Más de una idea pude robarme de ese lugar, más de un paisaje que nunca había visto pude visitar... Y lo mejor es que desde entonces he podido volver ese sitio de nuevo, a voluntad, con sólo cerrar los ojos, mientras estoy acostado en mi cama.

Y aunque esto suene a ficción, es tan real como los sueños que cada noche he vuelto a tener.

The Stone Roses - Made of Stone

viernes, 7 de noviembre de 2008

Sentir el vacío

Ayer en la mañana desperté contento. No tenía una razón particular para ello. Simplemente al salir de casa, me sentía bien, no demasiado eufórico, no demasiado... No. Simplemente en un perfecto punto medio de felicidad que es complicado de describir, pero que te hace pensar que si mantuvieras ese estado el resto de tu vida, todo estaría bien. Obviamente en la vida real, te aburrirías de la monotonía, pero lo placentero te hace desear cosas de esas, aunque la gracia siempre esté en alternar repetición y contraste.

En la calle, tomé el metro para ir a la universidad y puse en mi reproductor de mp3 un recopilatorio de los Stone Roses. La primera vez que los oí fue en España, a principios de los noventa, cuando salió el Second Coming y el single que sonaba en la radio era Love Spreads. La época del britpop de Suede y Elastica, tanta cosa que me dejó una huella profunda que todavía hoy se puede apreciar. Desde entonces me han gustado, aunque he preferido sus canciones más rockeras a las demás: Love Spreads, Tears, Breaking into Heaven... Pero hoy, mientras iba mirando por la ventana del vagón, sonaba en los audífonos Ten Storey Love Song, y no sólo sentí que la canción era perfecta, sino que el momento también lo era. Uno de esos en los que la vida tiene banda sonora. Para que eso ocurra no basta con ponerse los audífonos y salir a caminar. Tiene que encajar la música, el momento, lo que ves, lo que sientes... Y entonces sí te sientes como viviendo una película por un instante. Uno de esos montajes de planos bonitos con música bonita, que no tienen mayor contenido que el de las sensaciones que despiertan en tu interior. Nada de pensamientos, sino la pureza de vivir el momento sin obstrucciones. Supongo que a algo parecido se refería William Blake cuando dijo que si se limpiaran las puertas de la percepción todo aparecería como es realmente: infinito.

La música se sentía realmente bien, y la vida también lo hacía, a pesar de cualquier cosa que tenga en la cabeza por estos días.

Unos pájaros volaban por entre los edificios. Nada que no se vea cualquier otro día. Pero en ese momento era algo especial.

Era uno de esos instantes en los que, por una vez y a pesar de todo, la vida parecía encajar en su sitio.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Más Andrew Bird... Imitosis



Es que es buena música... Vale la pena repetirse... Lástima que no haya video para Scythian Empire.

Night Lights


MixwitMixwit make a mixtapeMixwit mixtapes

Andrew Bird - Lull

martes, 4 de noviembre de 2008

Sincronicidad

Es curioso cómo a veces ocurren cosas de la manera más inesperada, como si encajaran en alguna clase de conspiración cósmica. Tal vez sean simples coincidencias, que unidas a una mente fantasiosa, dan como resultado una supuesta historia detrás de un día común y corriente. O tal vez no. Tal vez sí hay alguna clase de señal extraña detrás de todo esto, esperando a ser descifrada. Suena muy Matrix, pero no es tal cosa. No pienso en realidades virtuales, sino en que tal vez todo podría tener un sentido. Un suceso seguido de una película que relacionas con ese evento, y algunas piezas más que parecen encontrar eco unas en otras. Tal vez sólo es la manera en que el cerebro funciona, encontrando asociaciones inesperadas. No soy experto en psicoanálisis, para nada, pero sí me fascina ese concepto jungiano de la sincronicidad. Esos instantes en los que estás "sincrónico" con el resto de la existencia, y por un momento lo notas a través de casualidades o sucesos como de los que hablo.

O tal vez nada pase y sólo sea uno, que está paranoico y con ganas de creer que todo tiene un sentido y pasa por una razón, cuando en realidad detrás no hay nada. ¿Pero no es mejor creer en algo así que perder la esperanza? Al menos es más divertido imaginar historias en la cabeza, ¿no?

Ya sé que no dije nada, pero es que no hay nada qué decir. Sólo era un diálogo que tenía en mi cabeza después de ver una peli de Richard Linklater. Y no, no es A Scanner Darkly, ni Waking Life.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Ministry - Just One Fix



Amanecí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.