Uno de mis sueños recurrentes, uno de varios que aparecen con frecuencia, es quedarme encerrado en un centro comercial o un supermercado, y tenerlo a mi entera disposición. Supongo que los impulsos consumistas inconscientes son los que hacen surgir estas situaciones, porque en todo caso los centros comerciales no acostumbran tener lo que de verdad me gusta. Si acaso los supermercados, porque pueden tener comida muy apetitosa. Esto ya aparecía en una gran película como Dawn of the Dead, de George Romero, y se repetía más tarde en 28 Days Later, de Danny Boyle, donde los sobrevivientes a un ataque zombie encontraban refugio en un centro comercial y en un supermercado, respectivamente, y podían saciar sus ansias a voluntad.
Pero de esos sueños, el que más me gusta cuando aparece es el de encontrarme en una tienda de cómics, de esas que visitaba cuando era adolescente en Madrid, y que además de tebeos, tenían toda clase de chucherías. Así no sea un sueño en el que pueda llevarme gratis todo lo que quiera, es gratificante encontrarme en un sitio con tal cantidad de referencias nuevas para llevarme en mi mente, y así sea solo la sensación de haber conocido algo distinto, es mejor que la abulia de los centros comerciales.
Anoche soñé algo similar. Soñé que un tío me regalaba una librería de cómics, con cosas como Periquita, La Pequeña Lulú, Zipi y Zape, y cómics de Disney. Luego pasaban cosas raras, pero fue agradable tener en mis manos ejemplares extraños de obras que tal vez nunca pasen por mis manos. Y no es que me levantara con una sensación especial por ello, pero fue un sueño interesante y aún recuerdo esas ediciones especiales en los estantes.
domingo, 30 de noviembre de 2008
sábado, 29 de noviembre de 2008
Por la fácil...
A veces es demasiado fácil poner un video que reemplace un post, pero es que esta canción la tengo pegada desde anoche.
Ya escribiré algo coherente en estos días.
Ya escribiré algo coherente en estos días.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Precious Little Things
He llegado a la conclusión de que los regalos más significativos suelen ser los más "insignificantes". Es casi como regalar una metáfora. Para mí, los que más recuerdo son precisamente esos, no los grandilocuentes, los que valen mucho dinero. Unas postales de Spiderman, un pin de Megatron, una especie de Polly Pocket con Qui Gon Jinn peleando contra Darth Maul, unas navecitas de Star Wars, el Animalario del Profesor Revillod, una foto de un mensaje escrito con tiza sobre la acera... Son esos que te dan y sientes que conectaron contigo, que de verdad tocaron una parte de tí, que son lo que tú eres en el fondo.
Igualmente, prefiero dar una chocolatina Jet pequeña que una Snickers, dependiendo de la ocasión. Creo que puede decir más.
Like Dylan in the Movies, de Belle and Sebastian. Una de mis canciones favoritas... aunque podría decir eso de otro par de cientos. Ah, y sale Isobel Campbell...
Igualmente, prefiero dar una chocolatina Jet pequeña que una Snickers, dependiendo de la ocasión. Creo que puede decir más.
Like Dylan in the Movies, de Belle and Sebastian. Una de mis canciones favoritas... aunque podría decir eso de otro par de cientos. Ah, y sale Isobel Campbell...
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Music is my girlfriend
"La música es asombrosa. Ofrece un cierto confort metafísico en el que te permite estar aislado y solitario a la vez que te dice que no estás solo... Realmente, la única cura para la tristeza es compartirla con alguien más. Y por eso la música, las películas, los libros, son tan importantes. Sin el arte, sin la comunicación, no podríamos vivir más allá de los treinta, de lo tristes y deprimidos que estaríamos."
Wayne Coyne (The Flaming Lips)
(Tomado del libro Teen Spirit: De Viaje por el Pop Independiente)
Wayne Coyne (The Flaming Lips)
(Tomado del libro Teen Spirit: De Viaje por el Pop Independiente)
jueves, 20 de noviembre de 2008
El Servicio Postal
Me gusta recibir correo. Cualquier cosa. Bueno, tampoco tanto, porque no me gustan esos catálogos todos play de los centros comerciales. Nunca encuentro nada ahí para mí. Pero hasta los folletos de los supermercados, sobre todo si vienen con recetas de cocina, me gustan.
Cuando era adolescente, me suscribía a cualquier clase de catálogo. Libros, música, películas... Había uno bastante peculiar, antes de la época de internet en su apogeo, que tenía un servicio al que llamabas y podías oír los discos antes de comprarlos por teléfono. Claro, había que pagar por ello, así que sólo llamé cuando ya nos cambiábamos de casa, y les dejé las cuentas a los nuevos inquilinos.
Pero lo que más me gusta, es recibir paquetes.
Me gusta mucho pedir libros por internet, a Amazon, por lo general. Primero, el catálogo es mucho más extenso que el de cualquier librería colombiana, al menos en los temas de mi interés. Y segundo, sale más barato pedir eso que tanto me gusta al exterior que comprarlo en Colombia, si es que por casualidad me encuentro con algo de ello. ¿Un libro de Neil gaiman y Dave McKean por 92.000 pesos hace cuatro años en una feria del libro? Yo lo compré por 7 dólares en Amazon, y me trajo un CD con el mismo cuento leído por el propio Gaiman.
Por lo general cuando esos paquetes me llegan, la espera se convierte en parte del ritual que disfruto. No abrirlos de una, sino saborear la sorpresa, aunque ya sé de entrada qué es lo que hay dentro. Luego no me avalanzo sobre el contenido, sino que miro las facturas, la publicidad... Y estallo las burbujitas protectoras que a veces vienen dentro. A veces la publicidad que ponen dentro de la caja es bastante interesante: recuerdo un par de separalibros con motivos de libros pulp, muy bonito. En los últimos paquetes sólo llegaron ofertas de ropa y una bolsa para enviar celulares viejos a las tropas americanas en Irak.
Hoy me llegaron un par de libros muy, muy bonitos. Y eso me tiene muy contento. Y además, un DVD con cómics y pelis que un amigo me envió. Así que como ven, por estas y otras razones, hoy es un buen día.
Y aunque no viene a cuento, aquí va una canción de Luna, un tema precioso, Lovedust, que no transmite sino felicidad y tiene una letra increíble, de su disco Romantica.
Cuando era adolescente, me suscribía a cualquier clase de catálogo. Libros, música, películas... Había uno bastante peculiar, antes de la época de internet en su apogeo, que tenía un servicio al que llamabas y podías oír los discos antes de comprarlos por teléfono. Claro, había que pagar por ello, así que sólo llamé cuando ya nos cambiábamos de casa, y les dejé las cuentas a los nuevos inquilinos.
Pero lo que más me gusta, es recibir paquetes.
Me gusta mucho pedir libros por internet, a Amazon, por lo general. Primero, el catálogo es mucho más extenso que el de cualquier librería colombiana, al menos en los temas de mi interés. Y segundo, sale más barato pedir eso que tanto me gusta al exterior que comprarlo en Colombia, si es que por casualidad me encuentro con algo de ello. ¿Un libro de Neil gaiman y Dave McKean por 92.000 pesos hace cuatro años en una feria del libro? Yo lo compré por 7 dólares en Amazon, y me trajo un CD con el mismo cuento leído por el propio Gaiman.
Por lo general cuando esos paquetes me llegan, la espera se convierte en parte del ritual que disfruto. No abrirlos de una, sino saborear la sorpresa, aunque ya sé de entrada qué es lo que hay dentro. Luego no me avalanzo sobre el contenido, sino que miro las facturas, la publicidad... Y estallo las burbujitas protectoras que a veces vienen dentro. A veces la publicidad que ponen dentro de la caja es bastante interesante: recuerdo un par de separalibros con motivos de libros pulp, muy bonito. En los últimos paquetes sólo llegaron ofertas de ropa y una bolsa para enviar celulares viejos a las tropas americanas en Irak.
Hoy me llegaron un par de libros muy, muy bonitos. Y eso me tiene muy contento. Y además, un DVD con cómics y pelis que un amigo me envió. Así que como ven, por estas y otras razones, hoy es un buen día.
Y aunque no viene a cuento, aquí va una canción de Luna, un tema precioso, Lovedust, que no transmite sino felicidad y tiene una letra increíble, de su disco Romantica.
lunes, 17 de noviembre de 2008
El Imperio de los Helados
"Considerando que otros simplemente oyeron su trabajo, yo podría tocarlo también, saborearlo, olerlo, visualizarlo y haciendo esto estaba seguro que así daba testimonio del proceso por el que la totalidad de la Naturaleza había evolucionado de una célula sola a un bosque virulento, diverso."El protagonista de El Imperio de los Helados, es un sinestésico, alguien que no limita la percepción del mundo a uno de los sentidos por estímulo, sino que los toma todos a la vez. Puede oler los colores, palpar los sonidos, saborear los tejidos... Y con tal habilidad, se dedica a componer música mientras su realidad se hace algo más compleja de lo que inicialmente creía. Y en este párrafo nos cuenta cómo encuentra placer en la música de Bach, a la cual accede más que con sus oídos, como hacemos el resto de mortales.
Jeffrey Ford ganó el premio Nebula en el 2004 con este cuento, una bellísima pieza que nos sumerge en un festín de sensaciones a través de las palabras, embriagándonos con una prosa que genera un torrente de imágenes poéticas a las que sólo podemos tener acceso mediante el arte, a menos que poseamos la misma condición del protagonista. La historia es bella en sí, contada en primera persona con la nostalgia de quien rememora una infancia plagada de magia, pero las descripciones que no logramos entender con la mente, más sí con algo que no sabemos donde situar, son las que convierten el relato en algo delicioso, con el encanto de un Ray Bradbury y la pericia de la palabra de una Angela Carter. Si añadimos que es bastante inteligente y sabe darle la merecida vuelta de tuerca, no podemos sino acordar con que nos encontramos ante una pequeña obra maestra. No puedo juzgarlo desde sus atributos técnicos, puesto que no soy crítico literario, pero sí me dejo guiar por mi instinto, por lo que me complace más allá de un disfrute superficial. Y en ese sentido, El Imperio de los Helados es uno de los mejores relatos que he leído.
Para encontrarlo, en una traducción no muy acertada, pero que al menos nos permite apreciar algunas de sus virtudes, bájense éste archivo con una recopilación de Premios Nebula a los mejores cuentos.
Algunos Premios Nebula a Mejor Cuento
Batalla Perdida
Cada vez que termino de ver una película pienso: "Me queda una menos para verme todas las películas que existen"
Sé que nunca lo lograré, tal vez ni siquiera logre verme todas las que tengo en mi casa, pero igual me gusta pensar en ello.
Sé que nunca lo lograré, tal vez ni siquiera logre verme todas las que tengo en mi casa, pero igual me gusta pensar en ello.
domingo, 16 de noviembre de 2008
We played with our hearts until they were useless toys and forgot them in the attic
Decía Einstein que el tiempo es relativo: tres horas con la persona que amas parecen tres segundos, mientras tres segundos sentado en una estufa ardiendo parecen tres horas.
Title and Registration, de Death Cab for Cutie, propone una bonita imagen sobre el recuerdo: la guantera, que al abrirla te trae a la memoria recuerdos en forma de souvenirs de otros tiempos.
Dos frases aparentemente inconexas que hoy cobraron sentido para mí, cuando fui consciente del paso del tiempo y de la desaparición de ciertos sentimientos. Un par de meses, un par de semanas, no importa, la cifra exacta de días que han pasado, siempre se tiene una percepción diferente a la real. ¿Tanto tiempo ha pasado desde entonces? ¿Tan poco? Dependiendo de las situaciones, no puedes sino quedarte maravillado ante la poca relación que existe entre un momento significativo y el tiempo que ha durado o ha pasado desde entonces.
A veces esos recuerdos parecen fotografías ajadas de quién eras en ese momento, dejándote con una sensación de inconexión con la realidad. ¿Ese era yo? ¿Yo sentía eso? Incluso pareciera que esos eventos pertenecieran a la ficción y no a tu vida real. Y te das cuenta de cómo has cambiado, de cómo el tiempo ha transcurrido sin que te hubieras percatado de ello. No eres el mismo de antes, aunque creas que sí. Es como cuando ves a tus primitos todos los días, y no notas cómo crecen, pero luego dejas de verlos una temporada, y al reencontrarte con ellos, te asombras de cuan crecidos están. Así pasa con uno. Al recordar algo valioso de un pasado que incluso no tiene que ser tan remoto, que puede ser de algo tan cercano como, no sé, un par de semanas, a veces piensas, "He cambiado, no soy el mismo", y los recuerdos se ven con distancia, apartados de ti. No se puede evitar sentir nostalgia por un ayer que parecía más bonito y del que hoy no quedan sino trazas. No sólo tú no eres el mismo. Los demás tampoco lo son, y tal vez lo que significaban para ti tampoco sea lo mismo, lo que no deja de doler un poco.
Title and Registration, de Death Cab for Cutie, propone una bonita imagen sobre el recuerdo: la guantera, que al abrirla te trae a la memoria recuerdos en forma de souvenirs de otros tiempos.
Dos frases aparentemente inconexas que hoy cobraron sentido para mí, cuando fui consciente del paso del tiempo y de la desaparición de ciertos sentimientos. Un par de meses, un par de semanas, no importa, la cifra exacta de días que han pasado, siempre se tiene una percepción diferente a la real. ¿Tanto tiempo ha pasado desde entonces? ¿Tan poco? Dependiendo de las situaciones, no puedes sino quedarte maravillado ante la poca relación que existe entre un momento significativo y el tiempo que ha durado o ha pasado desde entonces.
A veces esos recuerdos parecen fotografías ajadas de quién eras en ese momento, dejándote con una sensación de inconexión con la realidad. ¿Ese era yo? ¿Yo sentía eso? Incluso pareciera que esos eventos pertenecieran a la ficción y no a tu vida real. Y te das cuenta de cómo has cambiado, de cómo el tiempo ha transcurrido sin que te hubieras percatado de ello. No eres el mismo de antes, aunque creas que sí. Es como cuando ves a tus primitos todos los días, y no notas cómo crecen, pero luego dejas de verlos una temporada, y al reencontrarte con ellos, te asombras de cuan crecidos están. Así pasa con uno. Al recordar algo valioso de un pasado que incluso no tiene que ser tan remoto, que puede ser de algo tan cercano como, no sé, un par de semanas, a veces piensas, "He cambiado, no soy el mismo", y los recuerdos se ven con distancia, apartados de ti. No se puede evitar sentir nostalgia por un ayer que parecía más bonito y del que hoy no quedan sino trazas. No sólo tú no eres el mismo. Los demás tampoco lo son, y tal vez lo que significaban para ti tampoco sea lo mismo, lo que no deja de doler un poco.
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Como la vida misma,
Por la ventana del bus
A Fish with a Smile
Tomando como inspiración un cuento del taiwanés Jimmy Liao, el mismo autor de El Sonido de los Colores o Desencuentros, Poliang Lin y C. Jay Shih han creado esta pequeña y hermosa pieza animada que se llevó el premio especial de corto de animación en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 2006.
Hay unos subtítulos en otro idioma, que imagino dan mayor dimensión a la obra, pero así, sin palabras, es igualmente poético.
sábado, 15 de noviembre de 2008
Fantasía
La peli: The Diary of Tortov Roddle, part 3, Little Town's Movie Gathering
A propósito de ello: Menta y Agua - La Buena Vida
solíamos hablar
contaba cosas tan bonitas
del mago de color
que huyó en un oso polar
un sueño de espuma
que nieva en su alma
el viento y la noche
que lloran y cantan
que cantan y lloran
y lloran y cantan hoy
habrá vivido más de cien años
el viejo estanque de oro y lluvia
pensando a ver si el sol
tal vez quisiera nadar
quiero que me cuentes más
quiero oirte una vez más
quiero que me asustes
y quiero que me busques paz
quiero que me cuentes...
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